domingo, 26 de julio de 2015

Paco era cargo intermedio. Volvía conduciendo un coche que pensaba cambiar en breve, por fin las cuentas salían;  pero esa tarde su mente la ocupada su novia, la cosa no iba tan bien como él esperaba: quizás los padres de ella, quizás la anterior relación de él, tantas cosas analizaba…la terapia no había funcionado y tras ocho años de convivencia la bulímica rutina había impedido que apenas se conocieran. Y por encima de todo la preocupación por el sufrimiento de Marta, su hija de 4 años, la cosa más linda del mundo y por la que Paco moría, asmática, frágil, ojos e inocencia.

Llegando a una de las tantas curvas por las que pasa a diario y por razones que nadie jamás sabrá, ese día la fuerza centrífuga ejercida sobre el coche superó a la fuerza que la carretera hace sobre las ruedas y mediante unas complicados cálculos la naturaleza decidió que el vehículo girara alrededor de un eje que pasa por las ruedas de la parte derecha (era una curva a izquierda). Paco volcó y la desaceleración brusca le provocó un daño axonal difuso en las neuronas, además su cabeza golpeó la ventana con tal fuerza ( llamémosla x), que se produjo un sangrado masivo: una hemorragia intraparenquimatosa,  que no tendría mayor importancia si no fuera porque produce una presión intracraneal tan alta que daña el tronco cerebral y por tanto  anula funciones básicas como la respiración. Todo esto produce una falta de oxígeno que es irreversible, no hay vuelta atrás, y Paco falleció. Marta quedó huérfana y la novia se casó con otro, también llamado Paco, dos años más tarde.
Hoy  le he dado una moneda a un serio
Hoy he dado una moneda ,  y es que yo siempre he sido de dar monedas a los que piden.   Éste  ,  el de la moneda de hoy,  tenía un día difícil. Ya en tiempos de bonanza  se le veía serio, eran buenos tiempos para todos, pero él no formaba parte de “todos”.
Vende siempre un periódico amarillento con una patraña de contenidos, pura basura, pero lo peor de todo es que hoy tenía competencia. Un par de señoras saludaban efusivamente a todos a los que nos había tocado bajar a comprar algo, “recogida de alimentos para familias”. Tanto era su empeño en darme la bienvenida y tan grande mi desconcierto al entrar medio dormido al Súper que apenas pude, como un naufrago en sus últimos pataleos antes de ser tragado por el mar, saludar a mi amigo, el serio vendedor de periódicos.
Tras hacer mis deberes  salí de allí, dándole una moneda al protagonista, del que todo el mundo pasaba y que hoy estaba todavía más serio que de costumbre,  frente a un carro lleno de comida de “alimentos para familias”.

 Como siempre me dio las gracias amablemente mientras sus ojos me decían: “ qué se creerá el gilipollas este”: como debe ser, ya que soy un buen representante de una sociedad que jamás le dará una oportunidad. 
Aquello que algunos llaman madurez, el vacío. Un disco de doble cara que siempre reproduce lo mismo: la corrección y la nada.
Quiero ser toro y torero, quiero bailar. Lo correcto desconcierta a los vivos y a los niños, y la vida asusta al resto.
Te quiero un huevo
Miro un huevo, que me recuerda a ti. Lo alzo y golpeo contra el borde del bol, dos veces; lo tiro al fondo y agarro el tenedor, bato con fuerza hasta dejarlo hecho papilla, extenuado y moribundo. Compruebo que mi plan va tal y como había planeado y el aceite está ya casi hirviendo, echo lo que queda del huevo en la sartén, grita, pero me mantengo inmóvil, mirando abstraído.Ya tieso lo saco de su tortura y lo echo a un plato, lo descuartizo lentamente y lo engullo. Cuidado cuando alguien os diga que os quiere un huevo.
Cuando un pensamiento, una idea, se presenta de forma clara e incuestionable , debe detestarse. Pretende atarnos y que durmamos plácidamente en su regazo. Entonces estamos muertos ; sin miedos no hay deseos y sin dolor no hay movimiento.
A veces me pregunto si pasar sin pena ni gloria por la vida es aceptable. De los miles de millones de personas que pueblan el planeta llegamos a conocer bien a pocas decenas, con suerte. Somos una mota de polvo en la extensa edad del universo, apenas un suspiro. Y aún así nos empeñamos en poseer, en acumular, en demostrar. La cultura occidental ha negado la muerte y vivimos como si fuéramos a ser inmortales, plantear la muerte como posibilidad es casi un insulto al ego de nuestro interlocutor y si echamos cuentas...un escalofrío nos recuerda que mejor sigamos ciegos.
Ante la dura realidad solo nos queda el consuelo de compartir la desdicha del final de este milagro y lujo que es estar aquí y ahora. Compartir dando, queriendo, abrazando y besando. Todo lo demás, basura.
Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión...eso le provocó un profundo sentimiento de culpabilidad que duró unos segundos. Estaba agotado por el viaje.
 Su enfermedad, ya muy avanzada… terminal , le había permitido a regañadientes acudir al funeral de su médico. Tragicómica paradoja que le hizo sentir mal, pero que  le permitió apreciar los rayos de sol que en las tres semanas que aún le quedaban protagonizaron el cielo.