A veces me pregunto si pasar sin pena ni gloria por la vida es aceptable. De los miles de millones de personas que pueblan el planeta llegamos a conocer bien a pocas decenas, con suerte. Somos una mota de polvo en la extensa edad del universo, apenas un suspiro. Y aún así nos empeñamos en poseer, en acumular, en demostrar. La cultura occidental ha negado la muerte y vivimos como si fuéramos a ser inmortales, plantear la muerte como posibilidad es casi un insulto al ego de nuestro interlocutor y si echamos cuentas...un escalofrío nos recuerda que mejor sigamos ciegos.
Ante la dura realidad solo nos queda el consuelo de compartir la desdicha del final de este milagro y lujo que es estar aquí y ahora. Compartir dando, queriendo, abrazando y besando. Todo lo demás, basura.
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